OTOÑO…colores y sensaciones
“Duendes de luna lo vieron llegar / con el silencio de un amanecer. /
Desde los cerros pintó su pincel / de amarillento el añil.”
Por Leonor Carunchio Gsell
El fino rocío matinal empaña los cristales de mi ventana. El viento del sur pasa veloz por la calle.
Las hojas desprendidas de los árboles componen con mágicos arabescos la danza del OTOÑO que ha llegado.
Entremezclan los mejores amarillos, ocres, pardos, naranjas, que paleta alguna pueda imaginar.
Bailan en el aire, en giros hacia el cielo que ignoran la gravedad mientras una, una sola, se balancea desafiante en la rama del añoso paraíso y atrevida, se empeña en sobrevivir.
Alfombras mullidas adormecen los pasos por los senderos de la plazoleta y, en la muda complicidad de las tempranas bufandas, bendicen un beso robado al pasar.
Sigiloso un rayito de sol se asoma entre las nubes.
No alcanza a entibiar pero acompaña la esperanza del calorcito acogedor.
Un colibrí rezagado se agita en frenético aleteo que sabe a despedida.
En lo alto, una bandada de golondrinas pone proa a Capistrano.
Otoño, tus días guardan los últimos fulgores del verano, las siestas de balneario y bicicleta, las vaporosas remeritas…
En la escasa fronda, los gorriones gimen buscando refugio mientras los tordos mutan su plumaje y dan tema a los que buscan en ellos una ignota maldición.
El centro y la plaza cobijan los batallones de blancos delantales y formales uniformes. Diminutas polleritas tableadas se balancean al ritmo de pícaros coqueteos.
El bullicio y la algarabía de los niños y jovencitos que, de camino o de regreso de la escuela, detienen su marcha para contarse la última travesura o teclear un sms en el lenguaje por ellos creado, que semeja un jeroglífico y cuya sola mención haría temblar a Cervantes, viste con paisaje de libros y saberes, la peatonal.
Vivo el OTOÑO desde el otoño de mi vida como un milagro de colores gualdos, naranjas, marrones…
Como en un inmenso mar de aguas cristalinas, reúno mis recuerdos, mis amores vitales, la amistad esculpida con ternuras, los soles de mi infancia, los buñuelos de mi madre, las pajaritas de papel de mi abuelita Isabel.
Aquí y ahora, mañana es el pasado con el que santifico mis nombres y mi suerte. No hay mundo imaginario. Todo regresa y yo, regreso a mi misma.
Mis hojas conforman la Sonata Mayor de mi vida que escucho en mis oídos, mientras la serenidad inunda mi alma, porque vivo y sueño, pese a mis huesos doloridos y a mis cabellos canos que Emi disimula con su hábil toque profesional.
Cada amanecer me ofrece una hoja blanca para que yo le dé contenido “a mi manera”. (genial Sinatra)
Otoño, tiempo de certezas y convicciones, que anticipas el adagio del invierno en tus plenilunios de mayo.
Otoño, época de cercanías, de conversaciones al atardecer, de caminatas tranquilas, de acurrucarse en la poltrona y dejarse llevar por esos recuerdos que parecían dormidos en el plieguecito más oculto del corazón, y que el hada madrina despierta del hechizo con ese sabor melancólico pero dulzón que tiene la añoranza.
Leonor Carunchio Gsell
Fuente: nosotroscordobeses.com.ar
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