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18 de agosto de 2010

Homenaje a “Chito Lovrich”: El bandoneón de Deán Funes

¡Adiós, bandoneón de mi ciudad!

Por Leonor Carunchio Gsell

(... con el sentimiento de las chicas de la Promoción 1957 del Colegio Sagrado Corazón)- Deán Funes, agosto del año 2002)

Chito Lovrich, bandoneonista de Deán funesTras el último brindis de la reunión familiar buscó el Maestro, la paz de su alcoba y en silenciosa partida apagó los acordes de su fuelle.
“¡Bailemos!”-invitó la muerte- y él se entregó a sus brazos mientras, en lo alto del cielo, Pichón Solaro acariciaba las teclas de su piano de cola, Fiorelo Levis desplegaba, sobre las rodillas, su caja corrugada y el Negro Seballes desgranaba el gorjeo de su voz de dos por cuatro.

“Acuden a mi mente, recuerdos de otros tiempos...”
1953...un grupo de alegres, alocadas y soñadoras muchachitas lo “adoptó”,
con patente de hermano mayor, confidente, consejero, compinche, “el muro de los lamentos” de cuanta cuita juvenil las inquietara, y allí estuvo él, siempre, con la serenidad y la calma de sus ojos de mirar sincero y su corazón abierto, como su mano, pronta para tenderse en son de amistad.

Las siestas de El Tala, las tardecitas del Club Estudiantes, bajo la mirada paternal del “Tío Sanz”, poblaron de emociones y alegrías aquellos inolvidables encuentros.
Cuarenta y nueve largos años no mellaron la sinceridad y pureza de aquel sentimiento y cada aniversario del egreso, cada noche de verano, cuando nos visitaba Nené, la ceremonia del encuentro fraternal se repetía.

Ya no se encantarán nuestros oídos con los compases inconfundibles de su bandoneón que hizo historia pero... nuestras almas estarán donde esté y, en el sutil encaje de la nostalgia, el aire se perfumará con su recuerdo y con una música celestial la “Japonesita” irá a su encuentro , la “Gitana Rusa” llorará a su gitano que “se arrojó una noche al Donn” y el dolido enamorado reclamará:”Y... ahora no me conocés”.
¡Adiós, Chito!

La ciudad quedó sin su bandoneón mayor, añorando al MAESTRO que regaló su arte, en cuanto escenario lo convocara, y su sabiduría a cuanto músico la buscara.
Que violines de blancos querubines sumen sus arpegios y un coro de serafines alegre sus veladas, al ritmo inconfundible de su magistral orquesta.
Aquí honraremos su memoria y cada 30 de noviembre, en un nuevo aniversario, se sentará a nuestra mesa como ayer, como siempre.

¡Adiós, hermano del alma!


Leonor Carunchio Gsell (Agosto de 2002) 

Fuente: nosotroscordobeses.com.ar

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Personajes de Deán Funes: “Vinchuca”

Personajes de mi pueblo: Vinchuca

Por Leonor Carunchio Gsell

Arco de entrada a la ciudad de Dean FunesSu nombre era Mario Cejas pero todos lo conocimos por su apelativo: Vinchuca.
Tal vez por lo oscuro de su piel, su diminuta figura, su andar singular, como si arrastrara sus pies muy juntitos sobre el piso, alguno lo comparó con ese bichito volador que venía oculto entre la leña de los obrajes y cuyas picaduras nos tenían a mal traer en verano.

Un enorme sombrero, un impecable traje blanco y su bocina, que no guardaba proporción con sus manos pero que hacía potente su voz que se escuchaba a distancia, distinguían su inconfundible presencia.

Su esquina preferida era la de 25 de Mayo en su intersección con Italia. Allí anunciaba productos, espectáculos, noticias de todo tipo. Fue la primera publicidad callejera que se escuchó en la ciudad.

Lo conocí siendo niña y recibí su sonrisa y un gesto amable cuando la curiosidad nos llevaba junto a él. Lo que decía posiblemente no nos interesara pero la bocina, un megáfono de grandes proporciones, cautivaba nuestra atracción.

Un día no lo vimos más. Algunos dicen que se radicó en Catamarca.
Por los caminos de la memoria evoco personajes que hicieron a la geografía urbana de ese Deán Funes que cobijó los mejores años de mi niñez.

Tal vez, amable lector, usted también lo conoció y su opinión será valiosa. Algunos lo habrán escuchado de boca de sus mayores. Los más jóvenes conocen otros personajes de la ciudad a los que también dedicaremos un comentario.

Leonor Carunchio Gsell

Fuente: nosotroscordobeses.com.ar

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Personajes de Deán Funes: Don Savoia “El Viejo Cebolla”

El Viejo Cebolla

Por Leonor Carunchio Gsell

Don Savoia, mas conocido como Envuelto en un sobretodo negro, con sus borceguíes desanudados, paseaba su esbelta figura por las calles de la ciudad.

Una antigua estación de servicios, al final del 200 de la calle principal, le ofrecía refugio para sus noches.
Sus ojos celestes, como bolitas de cristal, le daban a su rostro una dulzura singular.

En los primeros años se le conocía como Don Savoia porque, sus finos modales y alguna confidencia al pasar, le atribuía origen de nobleza.
Con el devenir del tiempo, que nada perdona, fue cayendo en un estado de casi absoluta indigencia y simplemente se lo nombraba como “el viejo cebolla”.

Un tarrito de latón, de esos que envasan duraznos al natural, era el utensilio que usaba para recoger la comida que le daban. En ese mismo cuenco…comía.
Cuando lo evocamos es coincidente reconocer ese “no sé qué” de algunas personas que te atrapan con su esencia de noble fibra, más allá del destino, de la suerte o de lo que decidieron hacer con sus vidas.

Don Cebolla… ¡Cuántas tardecitas de invierno compartí con usted aquellos buñuelos que mi madre me daba para comer en los recreos en la escuela José María Paz junto a mis hermanas!
¿Qué caminos lo trajeron a nuestra ciudad?
¿Por qué eligió ese destino de anonimato?

Tal vez las respuestas quedaron en alguna costura de su raído abrigo, símbolo de sus deshilachados sueños, junto a la nostalgia de otro tiempo, de otra ciudad, de otras ilusiones…

Leonor Carunchio Gsell

Fuente: nosotroscordobeses.com.ar

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Otoño en Deán Funes

OTOÑO…colores y sensaciones

“Duendes de luna lo vieron llegar / con el silencio de un amanecer. /
Desde los cerros pintó su pincel / de amarillento el añil.”

Por Leonor Carunchio Gsell

Otoño en Dean Funes, CórdobaEl fino rocío matinal empaña los cristales de mi ventana. El viento del sur pasa veloz por la calle.
Las hojas desprendidas de los árboles componen con mágicos arabescos
la danza del OTOÑO que ha llegado.

Entremezclan los mejores amarillos, ocres, pardos, naranjas, que paleta alguna pueda imaginar.
Bailan en el aire, en giros hacia el cielo que ignoran la gravedad mientras una, una sola, se balancea desafiante en la rama del añoso paraíso y atrevida, se empeña en sobrevivir.

Alfombras mullidas adormecen los pasos por los senderos de la plazoleta y, en la muda complicidad de las tempranas bufandas, bendicen un beso robado al pasar.
Sigiloso un rayito de sol se asoma entre las nubes.
No alcanza a entibiar pero acompaña la esperanza del calorcito acogedor.

Un colibrí rezagado se agita en frenético aleteo que sabe a despedida.
En lo alto, una bandada de golondrinas pone proa a Capistrano.
Otoño, tus días guardan los últimos fulgores del verano, las siestas de balneario y bicicleta, las vaporosas remeritas…

En la escasa fronda, los gorriones gimen buscando refugio mientras los tordos mutan su plumaje y dan tema a los que buscan en ellos una ignota maldición.
El centro y la plaza cobijan los batallones de blancos delantales y formales uniformes. Diminutas polleritas tableadas se balancean al ritmo de pícaros coqueteos.

El bullicio y la algarabía de los niños y jovencitos que, de camino o de regreso de la escuela, detienen su marcha para contarse la última travesura o teclear un sms en el lenguaje por ellos creado, que semeja un jeroglífico y cuya sola mención haría temblar a Cervantes, viste con paisaje de libros y saberes, la peatonal.

Vivo el OTOÑO desde el otoño de mi vida como un milagro de colores gualdos, naranjas, marrones…
Como en un inmenso mar de aguas cristalinas, reúno mis recuerdos, mis amores vitales, la amistad esculpida con ternuras,
los soles de mi infancia, los buñuelos de mi madre, las pajaritas de papel de mi abuelita Isabel.

Aquí y ahora, mañana es el pasado con el que santifico mis nombres y mi suerte. No hay mundo imaginario. Todo regresa y yo, regreso a mi misma.
Mis hojas conforman la Sonata Mayor de mi vida que escucho en mis oídos, mientras la serenidad inunda mi alma, porque vivo y sueño, pese a mis huesos doloridos y a mis cabellos canos que Emi disimula con su hábil toque profesional.

Cada amanecer me ofrece una hoja blanca para que yo le dé contenido “a mi manera”. (genial Sinatra)
Otoño, tiempo de certezas y convicciones, que anticipas el adagio del invierno en tus plenilunios de mayo.

Otoño, época de cercanías, de conversaciones al atardecer, de caminatas tranquilas, de acurrucarse en la poltrona y dejarse llevar por esos recuerdos que parecían dormidos en el plieguecito más oculto del corazón, y que el hada madrina despierta del hechizo con ese sabor melancólico pero dulzón que tiene la añoranza.

Leonor Carunchio Gsell

Fuente: nosotroscordobeses.com.ar

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