El Cuarto Festival de Títeres del Niño Campesino convoca a miles de espectadores en salones y escuelas rurales del interior del interior
Por Beatriz Molinari
Cada cultura tiene sus propios tiempos. Bajo el sol de Deán Funes, un grupo de titiriteros comparte el almuerzo en el feriado de tiempo detenido. Un lunes atípico. La arboleda en el mediodía sin viento es el lugar elegido para la concentración de los artistas que participan desde principios de agosto en el Cuarto Festival Internacional de Títeres Itinerante del Niño Campesino.
“La semana pasada en el Departamento San Justo ofrecimos 38 funciones en salones comunales y escuelas del área de El Fortín y Altos de Chipión, diez mil espectadores en total”, explica Mara Ferreyra del grupo Manos a la obra, organizadora unipersonal de la movida que compromete a funcionarios, educadores, padres y chicos en este circuito campesino.
En torno a la mesa, los titiriteros coinciden en que no existen festivales de estas características en el país. “Ni en España, que yo sepa”, dice Víctor Biau que viajó desde ese país con su retablo. “Desafortunadamente no hay títeres en los sitios pequeños”, apunta.
Para Flor Sartelli, de La Mardeluz, también es interesante que el formato incluya teatro de sombras, como es el caso de la obra que trajo junto a Julián Rodríguez. “Aquí accedemos a un público diferente al de los circuitos habituales”, dice la titiritera de Buenos Aires. El grupo trabaja con materiales reciclados, cartones que se transforman en siluetas caladas. “Con muy poco se puede hacer algo interesante”, dicen.
El espacio, el tiempo y las condiciones en que se desenvuelve el festival también les permiten compartir y ver trabajos, asistiéndose unos a otros durante las funciones.
Para el chileno César Parra, el proyecto es interesante por el destinatario. Se sortean las distancias geográficas, la falta de recursos, el desparejo interés institucional. “En estas pequeñas localidades estamos viendo realidades no muy distintas de la de nuestros lugares. Pobreza, hay mucha; festivales, no. En Chile estamos en pañales. Llevamos 40 años de retraso con respecto a estas actividades con titiriteros en que existe un aporte social y otro, profesional”, dice.
Valeria Fidel llegó de Río Negro con un trabajo que, como dice Mara, ‘rompe todas las estructuras’. La titiritera, actriz y bailarina con experiencia en zonas rurales del sur se convierte en Doña Soñadora la tejedora. Habitualmente actúa con Luisa Calcumil en Hebras. El tejido es el material para los títeres y la manta que es el jardín florido o la calle que amenaza a los protagonistas de un cuento simple, narrado y actuado con maestría por Valeria.
Hasta el año pasado, el festival se desarrollaba en las escuelas. Este año sumó los centros comunitarios y vecinales. “No me gustan los grandes centros urbanos -señala Mara, que vive en Argüello-. Sumamos los centros vecinales para que los padres vean títeres. Yo vi títeres por primera vez a los 24 años cuando llevé a mis hijas al Mercadillo y actuaba La Pareja, de Héctor Di Mauro. Después de esa experiencia, decidí hacer títeres. Hace diez años que vivo de este oficio. Recorrer el interior provincial me hizo ver que el nivel cultural es muy bajo y que no hay comunicación entre los pueblos. Sí llegan mega producciones para adultos que pueden pagar $100 la entrada. Con este festival siento que estoy dando un servicio a la comunidad”.
Después del almuerzo, cada grupo tomó su rumbo hacia distintos centros vecinales de Deán Funes. De a poco fueron llegando las familias con sus niños. En cada salón, además, se sorteó una bicicleta, aporte de la municipalidad para el Día del Niño.
El desafío de Mara fue llegar a quien toma las decisiones, interesando a las municipalidades. Pero el festival se alimenta de las voluntades de los titiriteros. “En enero lanzo la convocatoria. Llegan maestros titiriteros que viajan por el mundo y que ansían actuar para el niño campesino, pero no les miento”, explica Mara.
Mientras en el salón del balneario Víctor Biau ponía al rey a vociferar, según la obra clásica de Villafañe, en barrio Parque Libertad Valeria Fidel destejía la historia nacidas de la manta. Unas cuadras más allá, el grupo colombiano Guiño de guiñol ofrecía la fábula contemporánea del último árbol amenazado de muerte por un talador entusiasta. Además de las funciones de los grupos de Chile y México, todas, simultáneas, con 50 espectadores, promedio.
El Festival Itinerante de Títeres que finaliza el viernes concretará 80 funciones en 200 escuelas y centros, con entrada libre y gratuita. Participan grupos de México (La Cartelera); España (La Compañía de Víctor Biau); Chile (Vagabundo); Colombia (El Guiño de Guiñol); Buenos Aires (La Mardeluz y Agarrate Catalina); Río Negro (Valeria Fidel), y Mendoza (Sinfin).
Como dice Víctor Biau: “Los niños y niñas siempre son estupendos”. Mara encontró el modo de llegar a ellos derribando barreras geográficas y culturales. Sólo con títeres.
Fuente: lavoz.com.ar
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